¿Qué es una catástrofe y qué implica? ¿Cuándo y porqué ocurren las catástrofes?

Estamos en estos momentos viviendo una catástrofe que nos está saliendo muy cara en número de vidas cobradas y a nivel económico. El coronavirus ha cambiado nuestra vida y le ha dado un giro, haciendo que muchas de las cosas que conocemos no sean igual. De hecho, muchas cosas no volverán a ser igual y muchos cambios han venido para quedarse. Cuando ocurre una catástrofe la gente sufre y normalmente los más desfavorecidos son los que más sufren. Por ello, es fundamental que los dirigentes estén preparados y preparen a su pueblo para evitarlas o, en caso de que sean inevitables, que puedan defenderse. O, como decían los romanos, «Si vis pacem, para bellum».

Sin embargo, también existe la creencia que una crisis, un cambio, es también una oportunidad. A río revuelto, ganancia de pescadores. Por ello, no sólo para protegernos, sino también para aprovechar la oportunidad, nos conviene preguntarnos: ¿Cuándo ocurre una catástrofe? ¿Somos capaces de preveerlas? ¿Y de adelantarnos para saber cuál va a ser el resultado más probable de esa catástrofe? Si nos situamos bien, podremos estar en la parrilla de salida de la nueva situación, incluso con ventajas añadidas. Vamos a partir de la teoría matemática de las catástrofes, de René Thom, para reflexionar brevemente sobre este fenómeno tan importante para todos los ámbitos del conocimiento: las catástrofes, los cisnes negros de los que habla Nassim Nicholas Taleb.

Una catástrofe implica, a grandes rasgos, un cambio, una crisis o un desastre a partir del cual ya nada sería igual. Y, aunque pensamos que son acaecimientos muy raros, suceden mucho más a menudo de lo que pensamos. Estoy seguro que todos aquellos que vivieron en otras épocas históricas «interesantes» también podrían encontrar catástrofes similares en su tiempo, como Guerras Mundiales, Revoluciones Francesas, descubrimientos tecnológicos, eventos naturales… En mi «corta» trayectoria vital, puedo citar al menos 3 grandes catástrofes que han ocurrido y que han cambiado la vida de la humanidad en uno u otro sentido:

  • El accidente de Chernobyl, una catástrofe nuclear sin precedentes y que adelantó el final de los bloques de la guerra fría, causando miles de muertes (aún hoy) y un desastre sin paliativos en Ucrania. Ese día, se mostraron las vergüenzas del hemisferio soviético al mundo: incapacidad y corrupción, ocultación de la verdad, falta total de medios, represión… Para los más jóvenes: la conocida serie de HBO Chernobyl les pondrá sobre aviso sobre lo que pasó, pero es sólo un pálido reflejo de la realidad. Porque detrás del heroísmo de los soldados y liquidadores rusos, hubo muchos poderosos intentando salvar su trasero mandando inocentes a la muerte. Y la nube radiactiva llegó a gran parte de Europa, instaurando el «miedo nuclear» hacia la que, por entonces, era la fuente de energía mas prometedora y limpia.
  • La catástrofe más reconocida por mi generación es el 11-S, que provocó el verdadero inicio del siglo XXI. Los equilibrios económicos, políticos y socioeconómicos heredados del siglo XX acabaron en ese día: USA empezó a ejercer mas despóticamente su liderazgo mundial, buscando venganza. Al mismo tiempo, mostró también su vulnerabilidad y logró alejar a muchos aliados de su bando: Occidente dejó de ser monolítico en torno a USA. Y creo firmemente que ese día comenzó un lento declive que nos llevó, al multilateralismo primero y, 20 años después, a que su liderazgo mundial se vea amenazado seriamente por China. También en el 11-S está el germen de la posterior crisis económica de 2008. Para poder financiar su escalada bélica y la deuda pública en expansión, los políticos americanos comenzaron a intervenir masivamente en la política económica, hasta entonces mucho más liberal. Imprimieron dinero y forzaron bajadas de tipos de interés que crearon enormes burbujas especulativas a nivel mundial.
  • La crisis del coronavirus, que estamos aún sufriendo. Aunque es pronto para establecer conclusiones, a nivel geopolítico y económico esta crisis deja ganadores y perdedores dentro de las propias sociedades, que se han fracturado. Y existe un indicio claro de que las relaciones sociales y laborales tampoco serán igual. Las malas decisiones de nuestra clase dirigente han minado la confianza en las instituciones nacionales y supranacionales. ¿Veremos cómo los sentimientos nacionalistas, que estaban en ascenso, terminan fracturando la UE, con el Brexit como punto de falla inicial? Esta crisis será el pistoletazo de salida para grandes cambios políticos, morales y sociales que volverán a hacer diferente al mundo.

Lo sé, lo sé. Me dejo otras muchas catástrofes: el tsunami del Este asiático (con Fukushima incluído), el desastre ecológico y climático global, la crisis del petróleo de los 70, la guerra de Yugoslavia, el desastre de Bhopal… Cualquiera de ellas es terrible. Pero quiero analizar estas tres catástrofes, puesto que nos servirán como ejemplo para obtener conclusiones.

teoria de las catastrofes

¿Qué es la Teoría de las Catástrofes?

En los años 90, René Thom, matemático y topólogo francés, da forma a la Teoría de las Catástrofes. En el año 89 escribió un libro, más semiótico que matemático, en el que desarrolla su teoría: «Théorie des catastrophes et biologie». Nuestro matemático se apoyó en los avances de Kolmogorov (todos los estadísticos lo conocemos) y en los de Smale o David Ruelle. Y más tarde, Ilya Prigogine desarrolla aún más esta teoría. Se cree que Thom se inspiró en sus observaciones como topógrafo para formular su teoría: cuando observas la naturaleza comprendes que, en cualquier sistema, llega un momento en el que se alcanza tal nivel de desequilibrio que se entra en lo que se conoce como condición catastrófica. Un volcán a punto de erupcionar que busca salida. Una montaña saturada de agua a punto de colapsar. Una acumulación de nieve en la montaña que puede terminar en avalancha.

Explicándolo a grosso modo, si nos encontramos en una condición inicial de equilibrio o punto 1, y se añaden condiciones inestables al sistema (y ocurre con más frecuencia si el sistema tiene contacto con otros sistemas que puedan introducir más inestabilidad o con el exterior), se produce un punto crítico a partir del cual ya no es posible volver para atrás (al punto 1) y se desencadenan una serie de acontecimientos (la catástrofe) que no cesarán hasta llegar al punto de equilibrio 2. El problema es que es imposible preveer cuál va a ser el punto de equilibrio 2, porque depende de una gran variedad de factores, algunos totalmente fortuitos. Se sabe cómo se puede llegar a producir la catástrofe e incluso aplazarla o prevenirla. Pero no se sabe en qué va a concluir o cuales van a ser sus consecuencias.

La teoría de la catástrofe es completamente aplicable a los fenómenos naturales. Como los terremotos, ya que existe un momento a partir del cual hay tanta tensión acumulada entre placas que sólo es posible su liberación. Tambi´én se aplica en economía o en los mercados financieros, puesto que se llega a un momento a partir del cual el mercado se desliza hacia una incontrolable senda alcista que inevitablemente lleva a un futuro desplome, sin que haya mecanismo económico posible para parar el movimiento… En sociología encontramos muchos ejemplos, pero vamos a destacar uno que menciona Jared Diamond en «Colapso»: la sociedad de la Isla de Pascua. Su complejidad y costumbres les llevó a un momento de presión de la población sobre los recursos naturales y sobre la producción agrícola, que la llevó a un punto de no retorno (relacionado con la tala de los últimos bosques) y a la catástrofe. A pesar de los esfuerzos por revertir la situación, muchos de sus pobladores murieron y la sociedad cambió radicalmente, perdiendo calidad de vida y casi toda su cultura. Cuando llegaron los holandeses en el siglo XVIII, encontraron sólo 1.000 habitantes de los 10.000 que llegó a tener la Isla. Y ninguno de ellos sabía para qué servían los famosos moais que habían levantado sus antepasados.

Pero sobre todo, el profesor Thom relacionó su teoría a la biología. Un ecosistema soporta ciertos cambios en su medio físico o en sus seres vivos en simbiosis, hasta que llega a un momento crítico a partir del cual se produce el inevitable cambio, la catástrofe. Nuestros ecólogos y biólogos conocen bien esta teoría, ya que pueden modelizar las mutaciones o crisis de los fenómenos naturales, y así lo han hecho en el caso de las teorías sobre el cambio climático global. Son conocidas las predicciones acerca del nivel de hielo (punto crítico) a partir del cual no se podrá revertir el deshielo de los polos. Y también lo han hecho con la evolución de la pandemia del coronavirus: a partir de un nivel de población infectada, no se podrán tomar medidas eficaces para evitar una nueva ola pandémica en un entorno determinado. De ahí que sean tan importantes la prevención y actuar justo en el momento adecuado. Esto último es factor determinante, porque si no se actúa a tiempo… ya no hay vuelta atrás.

La historia se bifurca

La catástrofe es entonces el momento en el cual se «bifurca» la Historia, que toma un camino distinto al supuesto y se produce el cambio brusco. En ocasiones, los desequilibrios pueden «disiparse», mandando energía del sistema al exterior o captándola de éste. A veces, la energía sobrante se disipa en la propia complejidad del sistema donde se está produciendo la catástrofe. Es lo que ocurre en los mercados de divisa internacionales: las naciones a veces «exportan» inflación a las naciones en vías de desarrollo vía compra de mercancías. Éstas, con su crecimiento económico, necesidad de divisas y mano de obra barata, aprovechan esa «energía» dentro de su propio sistema y evitan la catástrofe en la nación que exporta la inflación.

Aparte de su contribución a la matemática, en la que no nos atrevemos a entrar, nos vamos a quedar con varias de reflexiones que podemos extraer de su contribución:

  • Todo está relacionado e interconectado. Como una economía, como un ecosistema, los sistemas pueden tener mayor o menor relaciones con el exterior, pero éstas existen. Sólo en laboratorio se pueden aislar las variables.
  • Pequeñas variaciones o divergencias, que pueden parecer nimias, pueden derivar en grandes cambios o en catástrofes. Piénsese en un incendio provocado por trozo de cristal de una botella rota años atrás.
  • Las variables y componentes en los sistemas están conectados entre sí y relacionados en formas que parecen inverosímiles. El número de variables que el econometrista ha de manejar es tan grande y son tan impredecibles que su control es muy difícil.
  • La prevención es fundamental para mantener el equilibrio. El equilibrio evita la catástrofe. Pero, al mismo tiempo, al depender de tantas variables y muchas de ellas incontrolables o simplemente fortuitas, no podemos confiar en un equilibrio perpetuo.
  • En relación con el punto anterior, y sabiendo que cualquier equilibrio es temporal, hemos de prepararnos para el cambio y aceptar que, tarde o temprano, se producirá alguna catástrofe. Es mejor ser resiliente que resistente, como díría el propio Taleb.

Imaginen la influencia que este tipo de teorías tuvo en desarrollos posteriores, como la teoría del caos o el efecto mariposa. En este documental (en francés), René Thom desarrolla su teoría un poco más en profundidad y podemos conocerlo como persona:

¿Qué relación tiene esta teoría con las catástrofes que hemos mencionado en el inicio?

En todas ellas existían indicios que podrían hacer suponer que algo así podría ocurrir. Y no, no nos estamos dejando engañar por el conocidísimo prejuicio o sesgo de retrospectiva, por el cual, amoldamos nuestros recuerdos para que podamos reducir nuestra disonancia frente a hechos poco probables. Efectivamente, cada una de las catástrofes pudo haber sido prevenida. Pero el sistema llegó hasta tal punto de entropía, que fue imposible evitarla. Al menos esa catástrofe en concreto o una muy parecida.

  • La catástrofe de Chernobyl pudo no haber ocurrido como tal y rezamos para que no vuelva a ocurrir algo parecido. Pero el nivel de corrupción del sistema socialista era tal y su mal funcionamiento tan profundo que la guerra de Afganistán, la presión social por el desabastecimiento de productos, la carrera espacial con los USA, la necesidad de mantener una industria militar exageradamente grande, el coste inmenso que suponía extender el modelo en los países en desarrollo, una bajada de precios del petróleo o una serie de malas cosechas hubieran forzado el fin del bloque soviético. Era cuestión de tiempo. Chernobyl fue solo el momento de bifurcación de la historia.
  • El ataque terrorista del 11 – S fue consecuencia de la política exterior de los USA, interviniendo en el oriente medio (y en el resto del mundo) para intentar controlarlo, dentro de su rol de superpotencia mundial. Jamás podremos justificar a los terroristas, puesto que son cobardes sin escrúpulos que atacan a inocentes, y la violencia es injustificable de por sí. No debe ocurrir algo así nunca más. Pero los mismos USA crearon al monstruo que luego les atacó. La degradación de la sociedad norteamericana que se inició en los años 70, la búsqueda del hedonismo sobre todas las cosas, la desmoralización social, los problemas raciales potenciados con motivos políticos, la imposibilidad para las generaciones jóvenes de alcanzar el «gran sueño americano» que sí alcanzaron sus padres y abuelos, el abandono de los valores fundados en el trabajo, ahorro y meritocracia… ya estaban ahí. En ese momento ya habían pasado su punto de crisis. Cualquier otro acontecimiento catastrófico les hubiera llevado a una situación similar a la actual y USA, y occidente en general, hubiera dejado tarde o temprano de ser la gran potencia mundial.
  • Crisis del coronavirus: se podría haber evitado su propagación tan rápida si se hubiera tomado en serio y se hubiera actuado diligentemente. Se podrían haber evitado tantas muertes innecesarias si se hubiera hecho caso de los expertos que advertían de su peligrosidad (había muchos realmente, ¿se acuerdan del Dr Cavadas?) y se hubieran dotado de los medios necesarios a los sanitarios. No sirvieron para nuestros dirigentes los ejemplos negativos de China, Italia, Irán. Tampoco los ejemplos positivos de Corea del Sur, Japón, Singapur, Australia o Nueva Zelanda. El aviso que supuso la crisis del Ébola de 2017 nos puso sobre aviso, sin que se tomaran medidas al respecto (ojo con el Ébola, hubo un brote en 2020). Pero la expansión mundial de enfermedades como el zika, el chikungunya o el dengue, o el peligro que suponen la superbacterias resistentes, nos indican que, si no hubiera sido el coronavirus, cualquier otra gran epidemia podría habernos afectado en un mundo globalizado y sin controles adecuados. Habíamos pasado el punto de catástrofe y no lo sabíamos. Vivíamos «pisando la cola del tigre». Aún vivimos así.

Entonces… ¿Cómo podemos saber qué catástrofe va a ocurrir a continuación? No lo sabemos. Existen muchos sistemas interconectados con puntos de no retorno alcanzados y que intercambian entre sí energía, información y desequilibrios, a veces disipándolos y a veces acentuándolos. ¿Y cómo podemos evitar la siguiente? El caso es que no podemos en el largo plazo. Podemos saber a ciencia cierta que ocurrirán más catástrofes y que algunas de ellas podremos esquivarlas actuando a tiempo y con prevención. También sabemos que existirá un momento a partir del cual no podremos volver atrás. Pero, a partir de ese momento, no podremos controlar lo que ocurra. Entrarán en juego tantas variables y de una forma tan aleatoria o fortuita, incluidas influencias externas, que no podremos establecer a ciencia cierta cuales serán los resultados. Ni siquiera las más potentes inteligencias artificiales, la gran esperanza que está en proceso de mejora, son capaces hoy de predecir con exactitud una futura catástrofe y sus consecuencias.

Lo que sí que podremos hacer es ser ágiles, rápidos en la respuesta, estar prevenidos. Ser resilientes. El éxito del ser humano siempre ha sido la capacidad de adaptación. Y esa capacidad, junto con nuestra fortaleza adaptativa, es la que nos permitirá seguir adelante con todas las catástrofes que ocurran.