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La paradoja de Monty Hall. Cuando la estadística (tozudamente) nos demuestra que la intuición falla. Ft. Javier Santaolalla
La paradoja de Monty Hall. Cuando la estadística (tozudamente) nos demuestra que la intuición falla. Ft. Javier Santaolalla
La paradoja de Monty Hall es uno de esos problemas que deja en evidencia una realidad incómoda: la probabilidad suele ser contraintuitiva. En el juego clásico del concurso hay tres puertas, un coche y dos cabras. Tras elegir una puerta, el presentador —que sabe dónde está el premio— abre otra con una cabra y te ofrece cambiar. La intuición dice “50/50”, pero la solución correcta es otra: cambiar de puerta duplica tus opciones (pasas de 1/3 a 2/3). La clave está en que la acción del presentador no es aleatoria: está condicionada por información que tú no tienes. Este fenómeno conecta con la probabilidad condicional y con el teorema de Bayes: cuando aparece información nueva, hay que actualizar creencias, aunque el resultado choque con el sentido común. Y esa es precisamente la lección útil para cualquier investigación estadística: cuando un dato sorprende, no se descarta por “raro”; se revisa el método y, si el diseño es correcto, se acepta la evidencia.