Cuando se habla de amor, raramente pensamos en ecuaciones, modelos estadísticos o algoritmos. Sin embargo, en la charla TED “Las matemáticas del amor”, la matemática y divulgadora científica Hannah Fry propone un enfoque inesperado: aplicar herramientas matemáticas para comprender cómo las personas buscan, eligen y mantienen relaciones sentimentales. Más allá del romanticismo, Fry demuestra que existen patrones, estructuras y decisiones que pueden ser analizadas con el mismo rigor con el que se estudia cualquier otro fenómeno humano.

Esta perspectiva no solo enriquece nuestra comprensión de las relaciones personales, sino que abre puertas para reflexionar sobre cómo las decisiones aparentemente emocionales pueden tener fundamentos más sistemáticos de lo que creemos. En este artículo exploraremos algunas de las ideas centrales de la charla, complementadas con datos relevantes sobre el trabajo de Fry (enlace a su canal de Youtube) y con una mirada al potencial de estas herramientas analíticas en otras áreas donde el comportamiento humano es clave, como el marketing o la comunicación estratégica.

paradoja de la elección unánime

1. Criterios de selección: ¿somos tan exigentes como creemos?

Uno de los ejemplos más reveladores de la charla es el caso de Peter Backus, un economista que aplicó una variante de la famosa ecuación de Drake (originalmente usada para estimar el número de civilizaciones inteligentes en el universo, ahora actualizada) para calcular cuántas mujeres compatibles habría para él en Londres. Su estimación fue de apenas 26 personas. ¿La lección? Que incluso pequeñas flexibilizaciones en los criterios de búsqueda pueden multiplicar drásticamente las posibilidades de encontrar pareja.

Fry destaca que este enfoque puede aplicarse también a las decisiones que tomamos sin darnos cuenta: ¿cuántas veces rechazamos oportunidades por mantener criterios demasiado estrictos? Este tipo de reflexión puede ser aplicable a muchos entornos donde se evalúan opciones —ya sean personas, ideas o estrategias— bajo parámetros preestablecidos que, si se revisan, podrían abrir nuevas oportunidades.

2. La regla del 37 %: decidir cuándo decir “sí”

Otro concepto destacado en la charla es el problema de la secretaria, un modelo clásico en matemáticas que plantea la siguiente situación: si tenemos que elegir entre varias opciones (como citas o candidatos a un puesto de trabajo), pero solo podemos decidir en el momento y sin posibilidad de volver atrás, ¿cuándo conviene tomar una decisión? La respuesta matemática óptima consiste en rechazar las primeras 37 % de las opciones y luego elegir la siguiente que supere a todas las anteriores.

Este modelo, que puede parecer puramente teórico, tiene implicaciones directas en cómo tomamos decisiones importantes: desde elegir pareja hasta invertir tiempo en un proyecto. Nos recuerda que la exploración inicial puede ser tan valiosa como la elección final y que, con la estrategia adecuada, podemos maximizar nuestras probabilidades de éxito en un entorno de incertidumbre.

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3. Tomar la iniciativa: datos y decisiones proactivas

A lo largo de la charla, Fry también aborda el papel de la iniciativa en las interacciones humanas. Basándose en datos de plataformas como OKCupid, concluye que quienes envían el primer mensaje —especialmente hombres hacia mujeres— tienen una probabilidad significativamente mayor de obtener una respuesta si su perfil está en el rango medio de atractivo. En otras palabras, cuando no se parte con una ventaja obvia, la proactividad puede marcar la diferencia.

Este hallazgo se enmarca dentro de un enfoque más amplio: las decisiones activas, fundamentadas en datos, tienden a mejorar los resultados. No se trata de manipulación, sino de reconocer los momentos y las formas más eficaces de actuar dentro de sistemas complejos como las relaciones personales… o las interacciones en otros contextos sociales.

4. Redes sociales y la ilusión de una belleza universal

Hannah Fry, en uno de los momentos más llamativos de su charla, desmonta un mito muy arraigado: la idea de que la belleza se puede medir objetivamente mediante fórmulas como la proporción áurea. Según ella, y en base a estudios empíricos, no existe una “ecuación perfecta” para determinar qué es bello. Lo que consideramos atractivo está profundamente influido por el contexto social, la cultura y las expectativas compartidas dentro de una comunidad.

A partir de ahí, Fry introduce un enfoque particularmente interesante: el análisis de redes humanas. A través de estudios sobre relaciones sexuales en grupos de estudiantes, demuestra cómo los vínculos entre personas crean estructuras complejas de nodos y conexiones. Estas redes no solo permiten visualizar patrones de interacción social, sino también prever comportamientos colectivos, como la propagación de enfermedades o la difusión de hábitos y preferencias.

Este tipo de análisis revela cómo las decisiones individuales se ven condicionadas por la posición que cada persona ocupa en una red. Si estamos más conectados, tenemos mayor influencia; si nuestros contactos comparten una preferencia, es probable que la adoptemos también.

Sin necesidad de forzar comparaciones, estas observaciones ofrecen paralelismos valiosos con fenómenos como la viralidad digital, el boca a boca o la influencia social en entornos online, donde la estructura de las redes afecta directamente la circulación de ideas, productos o mensajes.

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5. Una mirada sutil al marketing: decisiones, patrones y estrategias

Aunque Fry no habla directamente de marketing, muchas de las herramientas que utiliza —modelos estadísticos, análisis de redes, teoría de juegos— son también pilares en la comprensión del comportamiento del consumidor. Las decisiones que tomamos en contextos de pareja tienen paralelismos sorprendentes con otras elecciones que hacemos como usuarios, compradores o votantes.

Por ejemplo:

  • La regla del 37 % se parece a los procesos de A/B testing o prueba de prototipos: explorar primero, decidir después.
  • La teoría de juegos aplicada a las citas es comparable a las estrategias de lanzamiento o negociación: actuar con información parcial y tratar de maximizar resultados.
  • El análisis de redes nos recuerda que las comunidades digitales, las recomendaciones y los comportamientos virales se comportan como ecosistemas interconectados.

Así, el marketing moderno, basado en datos, segmentación y modelos predictivos, se alinea cada vez más con los principios que Fry presenta como válidos en las relaciones humanas. Comprender estos patrones no solo enriquece nuestras estrategias, sino que nos permite diseñar campañas, productos y experiencias más empáticas y eficaces.

Conclusión: la ciencia detrás de las emociones

Lo que nos muestra Hannah Fry es que incluso en uno de los terrenos más personales —el amor— hay espacio para el análisis riguroso. Las matemáticas no eliminan la emoción, sino que nos ayudan a entender mejor sus mecanismos. En un mundo cada vez más regido por los datos, aprender a leer patrones humanos con herramientas cuantitativas puede ofrecernos ventajas no solo en lo afectivo, sino también en lo profesional.

Desde el marketing hasta la toma de decisiones empresariales, las lecciones extraídas de la charla son una invitación a mirar con otros ojos la manera en que las personas interactúan, eligen y se relacionan. Porque, al final, ya sea en el amor o en los negocios, todo se trata de entender a las personas.

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Realizado por Alejandra Valdivia


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