El espejismo de los números: Por qué no puedes confiar ciegamente en todos los datos oficiales.

En el complejo arte de la prospección del mercado, existe una máxima inquebrantable: una decisión es tan buena como la información en la que se basa. Sin embargo, en la España actual, los cimientos sobre los que empresas y emprendedores construyen sus estrategias —las estadísticas oficiales— parecen haberse convertido en un terreno movedizo. Lo que antes era un espejo fiel de la economía nacional (el INE, el Banco de España, sus informes técnicos… eran «palabra de Dios»), hoy se asemeja más a una imagen edulcorada, un decorado pintado con los colores que más convienen al relato del gobierno de turno.

Esta tendencia hacia la «tezanización» de la estadística pública no es una sospecha infundada, sino una realidad que afecta directamente a la calidad de cualquier análisis de mercado. Hemos pasado de una infraestructura estadística robusta a un ecosistema donde los datos parecen «cocinados» para apoyar las asunciones políticas del ejecutivo, ocultando los problemas estructurales bajo una capa de optimismo burocrático. Y esta tendencia se ha visto replicada en otros organismos que han visto cómo existe cierta impunidad ante comportamientos que se encuentran en un claroscuro, donde se mezcla la ética profesional, el interés político y el personal.

La ficción del crecimiento y la inflación a la carta

El caso del Instituto Nacional de Estadística (INE) es paradigmático, y nos duele personalmente porque es una institución que admirábamos. La salida forzada de su anterior presidente, Juan Manuel Rodríguez Poo, tras meses de ataques públicos por parte del Gobierno, marcó un punto de inflexión en la independencia técnica del organismo. El choque se produjo, precisamente, porque el INE mantenía cálculos sobre el PIB y el IPC que desmontaban el discurso de la Moncloa.

Desde entonces, hemos asistido a una volatilidad inusual en las revisiones del PIB. Por ejemplo, se han realizado ajustes que elevan el crecimiento de un año mientras se rebajan discretamente las cifras de años anteriores cuando el foco de atención ya ha pasado. Este «baile de cifras» permite vender un «milagro económico» que no se traduce en bienestar real, ya que el PIB per cápita apenas se mueve y el 90% de los españoles percibe una pérdida de poder adquisitivo que los datos agregados parecen ignorar.

Incluso en el cálculo del IPC, la manipulación metodológica ha sido sibilina. Se presionó para incluir el mercado libre de la electricidad justo cuando los precios allí eran más bajos, con el único fin de reducir artificialmente el dato oficial de inflación que determina la subida de pensiones y salarios. Y todo ello a la vista de un público que ve subir la factura de la luz, el coste del combustible (lo que implica subidas en el resto de productos vía costes de transporte, de materia prima, etc…)… mientras los salarios reales se mantienen estancados o el precio de la vivienda (con un peso específico importante en el total del IPC) / alquiler no ha hecho más que crecer. Es decir, se hacen trampas al solitario… y eso les impide resolver los problemas reales de la gente.

El maquillaje del paro: de la temporalidad a la inactividad administrativa

Donde el «maquillaje estadístico» alcanza su grado de mayor sofisticación es en el mercado laboral. La reforma de 2021 no eliminó la precariedad; simplemente la reclasificó. Al obligar a las empresas a convertir contratos temporales en fijos discontinuos, cientos de miles de trabajadores que no están trabajando —y que a menudo cobran prestaciones— han dejado de computar como parados registrados para pasar a ser «demandantes con relación laboral».

La realidad es cruda: mientras el Ministerio de Trabajo celebra cifras de desempleo históricamente bajas, el «paro efectivo» —el que suma a estos trabajadores inactivos— sitúa a España con cerca de 3,8 millones de parados reales, la tasa más alta de la Unión Europea. Para quien realiza estudios sectoriales, esta opacidad es un veneno: impide conocer la disponibilidad real de mano de obra y distorsiona el análisis de la demanda interna.

La necesidad de una mirada independiente

Para un empresario que busca realizar estudios de mercado en Canarias o en cualquier otro punto del territorio nacional, fiarse exclusivamente de estas fuentes es un riesgo. Los datos «cocinados» impiden acceder a las causas reales de los problemas, matizan las crisis o las hacen invisibles y, en última instancia, llevan a decisiones de inversión erróneas.

En mi labor como especialista, mi compromiso es ir más allá del barniz oficial. Cruzamos los datos del INE con fuentes externas e independientes —desde el Banco Central Europeo, FMI, la Comisión Europea … hasta informes de entidades privadas de prestigio como BBVA Research, Esade o Randstad por mencionar algunos— para ofrecer una radiografía lo más honesta posible. Solo desde la verdad de los números se pueden construir estrategias de éxito: nada sale más caro que una mentira bien contada.

El arte de ocultar datos a plena vista

Todo lo explicado anteriormente convive con el hecho de que vivimos en la era de la supuesta luz. Nuestras instituciones presumen de una transparencia de escaparate, multiplicando Oficinas del Dato y Bancos de Datos Abiertos que, sobre el papel, nos sitúan en la vanguardia internacional. De hecho, España ocupa la quinta posición mundial en el índice OURdata de la OCDE por su capacidad para ofrecer datos gubernamentales. Sin embargo, para quien se dedica profesionalmente al análisis de mercado, esta abundancia no es sinónimo de claridad, sino a menudo de un ruido ensordecedor diseñado para que nadie encuentre la señal.

Se trata de una «transparencia selectiva» que convive con preocupantes «agujeros negros» informativos en áreas críticas para la economía. El poder ha descubierto que, en el siglo XXI, la censura no consiste en prohibir la información, sino en enmascararla en una maraña inmanejable de cifras incompletas o herramientas de consulta que parecen diseñadas para el desánimo.

Un ejemplo flagrante de esta opacidad disfrazada de dificultad técnica es el bloqueo sistemático de los microdatos sobre los trabajadores fijos discontinuos inactivos. Durante años, el Ministerio de Trabajo se ha negado a desglosar estas cifras alegando una supuesta complejidad técnica del sistema, una afirmación que choca con la agilidad que el SEPE demuestra para monitorizar otras variables. Esta falta de transparencia obliga a instituciones como el Banco de España a recurrir a técnicas de estimación indirecta para intentar vislumbrar la «holgura» real del mercado laboral, concluyendo que existe una infrautilización del factor trabajo mucho mayor de lo que el Gobierno admite.

Esta fragmentación de la información entre el Ministerio de Hacienda, el Banco de España y el INE obliga a los analistas a realizar ejercicios de conciliación contable de una complejidad tal que resultan inaccesibles para el ciudadano de a pie e incluso para muchas empresas. El propio portal de datos del INE ha sido criticado por expertos por su falta de accesibilidad y por no ofrecer un entorno amigable que permita ir al grano. Al final, lo que se logra es ocultar a plena vista aquello que el investigador necesita para una prospección del mercado mínimamente rigurosa.

El peligro de los datos incompletos

Para el éxito de los estudios sectoriales, la integridad de la fuente es innegociable. Sin embargo, nos encontramos con informes oficiales que omiten partidas sustanciales de gasto o que presentan previsiones sin detalles sobre su implementación. La AIReF ha alertado repetidamente sobre la ausencia de información detallada y periódica sobre la ejecución del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), lo que impide conocer el impacto real de estos fondos en la economía. Lo mismo sucede con el gasto en Defensa, donde la falta de trazabilidad en términos de contabilidad nacional convierte el seguimiento del déficit en una tarea de adivinación. La misma Unión Europea ha reconvenido a España por la falta de transparencia en el gasto de los fondos que ésta ha proporcionado.

Esta «contabilidad creativa» y el retraso deliberado en la publicación de indicadores —como el gasto computable de las reglas de gasto, que desde 2019 se publica con meses de demora— generan una incertidumbre institucional que envenena cualquier toma de decisiones de calidad.

La necesidad de un guía

Cuando las herramientas de consulta se hacen inmanejables y los datos se publican de forma incompleta o sesgada, el esfuerzo del ciudadano y del empresario por informarse se vuelve inútil. En este escenario, nuestra labor no es solo recopilar datos, sino actuar como un filtro crítico y experto, por lo que el trabajo que realizamos conlleva una mayor responsabilidad. Hemos de detectar los vacíos y contrastar la información con fuentes independientes para que usted no tome decisiones basadas en espejismos. En un mercado donde la verdad se oculta tras muros de datos, la verdadera ventaja competitiva es saber mirar donde otros solo ven ruido.

paradoja de la elección unánime

Este viaje por la trastienda de los números nos lleva a una conclusión: hemos de suplir con trabajo, con investigación, con contraste, con búsqueda de fuentes… las carencias que los datos oficiales nos están presentando.

La sutil artillería del dato: propaganda y munición política

La influencia de la política en la información pública es hoy mucho más sibilina y difícil de detectar de lo que el ciudadano medio imagina. No siempre se trata de una falsificación sino de una «tezanización», una manipulación sutil de las metodologías y los tiempos para que la cifra apoye el relato del poder en funciones. Datos que en apariencia son inocuos se cocinan con el objetivo de hacer propaganda, mostrar una realidad dulcificada o justificar un gasto público que, de otra manera, resultaría inasumible para el contribuyente.

Hemos visto cómo se utilizan las «revisiones ordinarias» para publicar avances del PIB inusualmente optimistas que generan un impacto político inmediato, para luego ser rebajados discretamente meses después, cuando el foco de atención ya se ha desplazado, cuando la realidad ha demostrado su inexactitud o cuando la UE ha amonestado a España por sus cifras irreales de crecimiento. Esta «contabilidad creativa» es un ejercicio de autobombo, es munición contra el adversario político y una herramienta para enmascarar realidades difíciles tras un barniz de éxito estadístico. Se han registrado acusaciones que afirman que se llega incluso a presionar a organismos técnicos para alterar el cálculo del IPC, buscando reducir artificialmente la inflación oficial y así evitar actualizaciones de rentas o pensiones que descuadrarían las cuentas del Estado. Si nos circunscribimos sólo en nuestro campo, para quien realiza un análisis de mercado, este sesgo es una trampa mortal: oculta la pérdida real de poder adquisitivo del consumidor y distorsiona cualquier prospección del mercado mínimamente seria. Estamos mucho más tiesos de lo que la realidad oficial nos está contando.

El ojo de Europa: Descrédito y factura internacional

Esta tendencia a la opacidad no ha pasado desapercibida más allá de nuestras fronteras. Organizaciones internacionales y empresas extranjeras ya han detectado estas discrepancias, lo que está derivando en un progresivo descrédito de nuestras instituciones y de la propia imagen de España. El Consejo de Gobernanza Estadística Europeo (ESGAB) y Eurostat han intensificado sus recomendaciones y advertencias ante las revisiones de datos fuera de calendario y las injerencias en la independencia técnica de organismos como el INE.

La factura de este «maquillaje» es real y costosa. España ha sido amonestada por instituciones como la OCDE, que suspende al país en áreas críticas como el control de la integridad pública y la transparencia del lobby. Pero el mayor castigo es el que imponen los mercados: la falta de fiabilidad en los datos oficiales genera una «prima de riesgo informativa». Los inversores aplican descuentos de valoración a los activos españoles y exigen mayores tipos de interés si sospechan que las cifras de crecimiento o deuda están maquilladas. Al final, la manipulación estadística no solo daña la democracia, sino que asfixia la economía productiva al encarecer el capital y ahuyentar la inversión extranjera.

La verdad como ventaja competitiva

Como ven, en este artículo no hablamos de otros datos más sensibles o con tintes más sociales (inmigración, okupación, adicciones, suicidios, violencia de género, delincuencia, sinhogarismo…). Pero no porque creamos que los datos que nos proporcionan las instituciones públicas son especialmente fiables en esos campos en concreto, sino porque queríamos centrarnos en los datos económicos … que son con los que más nos hemos enfrentado estos últimos días. Será un melón que abriremos en otra ocasión.

En este entorno de incertidumbre institucional, fiarse del dato oficial es caminar a ciegas. Si su empresa necesita realizar estudios sectoriales rigurosos o planificar estudios de mercado en Canarias, no puede permitirse basar su estrategia en espejismos estadísticos. Nuestra labor como especialistas es rescatar la realidad y contrastar: no nos limitamos a recopilar cifras. Las cuestionamos, las contrastamos con fuentes internacionales independientes y las limpiamos. En un mercado donde el dato es fundamental para el trabajo diario, la verdadera ventaja competitiva reside en acceder a la verdad que se oculta detrás. Porque para tomar decisiones de éxito, lo primero es empezar a mirar los números de frente.

En Eureka! estudiamos la realidad social y empresarial, trabajamos con herramientas de todo tipo para conocer nuestra realidad y la naturaleza humana. Contacta con nosotros sin compromiso y pídenos presupuesto. Estaremos encantados de colaborar con su empresa o institución, ayudándote a la luz las opiniones del mercado y a tomar decisiones sobre datos, no suposiciones.


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